
EDITORIAL Por Pablo Castro A. (Junio de 2010)
LA SANTIDAD Y EL CUERPO
¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? (1Corintios 3:16) Para venir a este mundo nuestro Señor tuvo que encarnarse en un cuerpo humano. Al partir de este mundo otra vez, lo hizo con el cuerpo sobre el cual llevó nuestros pecados en la cruz, aunque ya glorificado. Así pues, fue con su cuerpo, tanto con su alma y su Espíritu, como hizo la voluntad de Dios, santificándonos mediante la ofrenda de sí mismo. ¿Qué tiene que ver, entonces, nuestro cuerpo con la santidad? Se ha dicho que el cuerpo es al alma y al espíritu que habitan en él, lo que eran los muros para una ciudad de la antigüedad. A través de ellos entraban los enemigos. En tiempos de guerra todo el mundo se consagraba a la defensa de los muros. Y a menudo ocurre que el creyente no conoce la importancia de guardar y defender sus muros, manteniendo su cuerpo santificado, y por eso fracasa en el propósito de preservar irreprochable su alma. Sí cuenta nuestro cuerpo en la santidad que Dios exige, que el Hijo provee y que el Espíritu Santo aplica. El apóstol Pablo nos muestra el deseo de Dios sobre una santificación integral: espíritu, alma y cuerpo (1 Tesalonicenses 5:23). Lo cierto es que Dios así como ve el corazón, también se fija en lo de afuera, pues la santidad debe ser en toda nuestra manera de vivir. Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes tenías estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda nuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo. (1 Pedro 1:14-16) Somos santos internamente para Dios y santos en lo externo, en el cuerpo, como testimonio de una vida transformada por Dios, testimonio al mundo. Por eso Pablo declara específicamente que los pecados de la carne contaminan el templo de Dios, y que es mediante el poder del Espíritu Santo obrando en el cuerpo como glorificamos al Señor. Debe existir un elemento espiritual positivo que convierte el ejercicio de las funciones naturales en un servicio de alegría y libertad santa para la gloria de Dios; que estos deseos ya no sean un estorbo que amenaza la vida de obediencia y comunión, sino medios de gracia y una ayuda real para la vida espiritual, en santidad a Dios. Las normas no producen santidad, pero la verdadera santidad produce normas en la vida diaria
| VOLUNTAD 2010 MOVIMIENTO MISIONERO MUNDIAL
"No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre" Publicación Mensual de la Iglesia Cristiana del Movimiento Misionero Mundial en Montería, Colombia, Sur América. Para cualquier inquietud, duda o solicitud, favor remitirse a : ESCRIBE AL PASTOR. Para dejar tus saludos, entra a LIBRO DE VISITAS EN DEFENSA DE LA SANA DOCTRINA! All Rights Reserved © 2010 |